Para los intensivistas, el paciente de la cama 6 que falleció era un mecánico de oficio, de estrato social medio-bajo, quien en estado de  embriaguez se movilizaba en bicicleta.

No respeto las normas de transito y un vehículo de servicio público  lo arrolló. Se describe en historia clínica como paciente que vive solo, sin esposa ni hijos, dependiente de sustancias alcohólicas,  con trauma cráneo encefálico moderado que no se traslada a cirugía por dos hemorragias cerebrales intraparenquimatosas. Durante la estancia en HUCI hace un delirium hiperactivo en el pos;  el individuo no se ventilo, pero si se dio manejo de hipertonía y al sexto día hace una hemorragia subaracnoidea, produciendo  infarto de tallo cerebral y muere. El mismo día en que egresaba de la Unidad,  a las 8:00 am lo vimos desayunar, hablar, llamar a las enfermeras que lo cuidaron y a las 9:00 am estaba en coma.

Se decide intubar, ventilar y muere.

Si nos quitamos la venda de los ojos… Vemos a este hombre como un hombre de 53 años, soltero y sin hijos, acompañado de un sin fin de sobrinos y hermanos. Cuando escuchamos las historias de vida de cada paciente vemos todo su mundo, su contexto familiar, personal y social y empezamos a indagar sobre estas dinámicas y  nos encontramos historias como estas:

 Este paciente fue un hombre  trabajador, de origen muy humilde. Muchos años atrás decidió no establecer relaciones amorosas por una condición médica de infección en su oído que generaba olores desagradables, por lo que decide cuidar de sus padres hasta su fin de vida, su padres mueren y es allí donde se ve inmerso en la profunda soledad y su única compañía fue el alcohol y así continuo su vida, sin motivación…vivía sin vivir y murió sin vivir.

En su fin de vida,  toda su familia unida se encontraba  devastada, sus hermanos derrumbados al verlo irse y sus sobrinos recordando momentos gratos con su tío y es cuando el frío de la muerte abraza está familia, en medio del dolor deciden despedir a su ser amado con música, la misma que el disfrutaba todas las noches con su única compañía, el alcohol.

En ese momento, todo el personal queda estupefacto. No entendían como una familia en medio del duelo por la pérdida de su ser querido, aceptan que hagamos el concierto en la HUCI y que el fin de vida del paciente  fuese acompañado de un sin fin de familiares y de música.

Es en ese momento cuando entendemos que debemos abrir nuestras mentes para ser compasivos y que la muerte es un concepto que se construye de manera individual, comprendiendo los contextos sociofamiliares de cada persona que ingresa a nuestra Unidad. Y es ahí donde reiteramos que cuando ya no podemos prolongar la existencia, nuestro deber es garantizar un fin de vida digno, acompañado de sus seres queridos y porque no con música en vivo.

Abramos nuestras mentes y miremos sin juzgar.

Cordialmente,

Arturo Arias y Doreyni Rozo.

Fundación HUCI Colombia.

14 septiembre, 2017|

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