Hola a todos, mis queridos amigos. Hace un par de semanas recibí un correo de Lic. Mª Isabel Morales, enfermera especializada en Cuidados Intensivos Pediátricos y Neonatales. Ella es venezolana, pero vive y trabaja en Córdoba (Argentina).

Y compartía una reflexión tras leer el post Prohibida la entrada a menores de… de la Dra. Ángela Alonso y que por cierto, en breve publicará Intensive Care Medicine en su sección From the Inside.

Hablaba de una realidad totalmente desconocida (al menos para mi), y es la siguiente: en las UCI pediátricas donde ella ha trabajado durante tantos años, siempre hubo una norma absurda y sin fundamento alguno (ni psicológico, ni científico ni humano): SOLO ENTRAN PAPÁ Y MAMÁ.En la visita del paciente pediátrico críticamente enfermo, en esa parte del mundo solo se permite el paso de los padres, limitándose la entrada a otros familiares. Alucinante.No todos los niños están inconscientes, los hay muy despiertos y conversadores y muchos son lo suficientemente grandes para entender muchas cosas y demandar otras. Me contaba la siguiente historia:

“Hace unas semanas estuvo internado un chico alto para su edad, unos 7 años, de unos despiertos e indagadores ojos azules. Había sido operado para retirarle un material de osteosíntesis de una cirugía anterior.

Desde que entré a su cubículo, estaba en un área de aislamiento que es una especia de caja de cristal, me pregunta (con un tono que evidenciaba que ya sabía la respuesta):

– “¿Los abuelos pueden entrar a ver los chicos de acá?

Lo miro y le digo:

– “No cariño, solo papi y mami”.

Bajo la miraba y responde :

-“Ah”.

Pude comprender medianamente lo que sucedía, era un niño amado por sus abuelos, “consentido de los abuelos” pensé realmente.

Durante la visita su abuelo pudo colarse y asomarse a la puerta, desde donde se veía exactamente el chico, justo alzó la mirada (diría yo que una extraña conexión extrasensorial abuelo-nieto hizo que mirara exactamente a la puerta en el momento exacto) y vio a su abuelo en la puerta, levanto su mano pinchada por el catéter periférico y en un gesto de la mas sincera, hermosa y dulce complicidad saluda y sonríe a su abuelo, un caballero alto de unos increíbles ojos azules iguales a los de mi paciente quien no tuvo que hacer más nada sino sonreírle para transmitirle absolutamente todo lo que quería decirle.

Fue realmente un momento mágico, interrumpido por la voz de uno de los médicos del área al decir: – “Señor, solo papa y mama por favor salga”.

Miro al chico y le digo: – “¡Tu abuelo y tu son iguales!”. Porque realmente era así, mi paciente era la versión joven de aquel dulce señor, y ese niño que estaba en una cama de terapia intensiva en ese momento con sus padres, esboza una gran sonrisa de orgullo y me dice “Si, todo el mundo lo dice”…

Era evidente que aquel chico y su abuelo tenían esa conexión, ese no se qué, ese hilo mágico a través de las generaciones que unen a los nietos y a sus abuelos… No es la primera vez que lo veo, no es la primera vez que lo escucho. Los psicólogos infantiles hablan del pilar fundamental, de la complicidad mágica entre niños y abuelos.

Hace poco leí que el abuelo de un niño de terapia intensiva sufre el doble, primero por su nieto que es la versión prolongada y dulce de sus propios hijos y segundo por ver sufrir a sus hijos y la incapacidad de poder proteger a ambos. Hemos olvidado quizá que los abuelos son el vinculo del niño con su pasado, el eslabón que mantiene unida a las generaciones y la base moral y emocional de muchos chicos.. algunos incluso prefieren y preguntan durante su estadía por sus abuelos…Entraría perfectamente la interrogante ¿Quiénes somos nosotros para romper esa complicidad basada en el amor, en largas horas de cuentos, de caminatas al parque o en el jardín; ese vinculo generacional; esa disciplina con amor y cierto permiso consentidor, ese eslabón que solo completan los abuelos y sus nietos?Tal vez solo tal vez, un día de visitas de abuelos no seria tan mala idea dentro de las UCI Pediátricas, que aún no están del todo a puertas abiertas“.

Pues eso. Mucho, pero que mucho por hacer.

Feliz Viernes,

Gabi
2019-08-02T18:58:05+00:0029 julio, 2016|

2 Comments

  1. Francisco Alvarez Muñoz 29 julio, 2016 en 9:29 am - Responder

    Buenos días a todos:

    Por circunstancias de la vida mi familia está dispersa y la distancia entre algunos de nosotros está salpicada por algún que otro océano y es por eso que he crecido con un tipo de familia alternativa. Mi "otra familia" son personas que te han elegido para darte su amistad y puedo decir que muchas veces las dos familias cuando se han podido juntar por algún evento parecen una sola.

    Como toda familia, algunos miembros han tenido que pasar por momentos difíciles en el hospital y tengo que decir que en todos los casos, sin excepción, siempre que he ido a visitar a un familiar con lazos de "amistabilidad", los profesionales sanitarios han permitido mi visita y me han informado como si de un familiar "consanguíneo" se tratase.

    Sé que este es un caso singular, llevado al extremo, pero cada vez somos más los que por muchos motivos diferentes nos encontramos en esta situación.

    Es por eso que me cuesta entender que a un abuelo u otro familiar que no sean los progenitores no se les permita la visita.

    Entiendo que hasta ahora eran "otros tiempos" pero ahora llega la HUMANIZACIÓN, una palabra que cada vez tiene un mayor valor añadido y una mayor importancia a medida que profesionales como vosotros avanzáis en este camino.

    Mucho ánimo y sabed que detrás de vosotros tenéis el respaldo de muchos pacientes y sus familiares.

  2. Ángela Alonso 29 julio, 2016 en 11:13 am - Responder

    Buenos días.
    Gracias Gabi y sobre todo gracias Mª Isabel Morales por tu historia. Es satisfactorio comprobar como unas reflexiones personales mueven a nuevas reflexiones en los demás, que engrandecen y enriquecen a las primeras, generando esa bola de nieve tan difícil de detener.
    Aunque el concepto de "familia" esté cambiando en la actualidad, es cierto que determinados lazos son firmes e indestructibles. Los abuelos siempre ha formado parte fundamental de la unidad familiar. Han sido y son punto unificador y de encuentro entre las siguientes generaciones. Aunque las tornas se hayan vuelto (antes se cuidaba a los abuelos en casa cuando se hacían mayores y ahora son ellos los que cuidan de los nietos y sostienen a muchas familias en estos momentos de crisis), su importancia en la historia de una familia es incuestionable e insustituible.
    La relación de complicidad y amor entre abuelos y nietos es patente y muchas veces asombrosa. Padres que han sido estrictos con sus hijos se vuelven absolutamente blandos y consentidores con sus nietos. Los nietos representan para los abuelos la continuación de ellos mismos en la historia, su herencia, mientras que para los nietos, sus abuelos son sus orígenes, la explicación de por qué son quienes son y por qué están donde están.
    Es absurdo intentar romper estos lazos en cualquiera de las direcciones. No podemos. No debemos. Y mucho menos en momentos en los que se necesita de esa presencia, como son la enfermedad, la soledad o el dolor.
    Sigamos trabajando.
    Ángela Alonso

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